El acoso escolar es un tema que hoy día nos preocupa mucho y con razón. Máxime después de las tristes noticias que nos llegan respecto a suicidios de adolescentes de muy temprana edad.

Según estudios de la OMS (Organización Mundial de la Salud) el 78 % de los adolescentes que se suicidan han sufrido distintas formas de acoso.

En el primer informe de la OMS sobre ‘Prevención del Suicidio’ del 4 de septiembre de 2014 se dice: «El suicidio es un fenómeno mundial. Los suicidios tienen lugar en todo el mundo y casi a cualquier edad. Las tasas de suicidio más elevadas se registran en personas de 70 años o más. Sin embargo, en algunos países, las tasas más altas se registran entre los jóvenes. En particular, el suicidio es la segunda causa de defunción en el grupo etario de 15 a 29 años en todo el mundo».

Además del potencial riesgo de suicidio que genera el acoso escolar, provoca graves consecuencias en la edad adulta si no se lo aborda terapéuticamente, es decir, de una manera curativa. Terapia, etimológicamente, significa tratamiento curativo.

Entre las graves consecuencias psicológicas en la vida adulta se pueden citar las siguientes:

  • estrés postraumático
  • ataques de pánico
  • aislamiento social
  • depresión, que si se vuelve recurrente se convierte en distimia: un trastorno afectivo de la personalidad de carácter depresivo crónico
  • baja autoestima
  • ansiedad
  • inseguridad
  • pensamientos suicidas recurrentes
  • dependencia emocional
  • trastorno pasivo-agresivo de la personalidad

Si el acoso se presenta como una realidad ineludible en algún momento de la vida, al menos habrá que prevenirlo y sanar sus posibles consecuencias mientras que se aplican las distintas estrategias psicológicas y emocionales a nuestro alcance para superarlo y, en el mejor de los casos, terminar con él.

Algunas claves de prevención

  1. La primera clave en la prevención del suicidio es la observación del niño o adolescente, por parte de su entorno más familiar y cotidiano. Observar cambios anímicos respecto a su actitud, si se vuelve menos comunicativo y con signos depresivos, el progresivo aislamiento, si ya no le apetece ir al colegio o realizar actividades en grupo de las que anteriormente participaba con gusto.
  2. En segundo término, nunca subestimar ni relativizar lo que sí comunica respecto a sus malestares, a sus «no tengo ganas de». Y, sobre todo, jamás ignorar si expresa que ya no tiene ganas de vivir.
  3. Por último -si bien esto no pretende en absoluto ser una lista exhaustiva de ítems-, si se sospecha que está padeciendo acoso escolar no dudar en investigar los hechos y procurar que el niño o adolescente lo comunique, lo cuente, se desahogue, ofreciéndole un fuerte sentido de protección, de que se tienen en cuenta sus sentimientos, de confianza en que será protegido y respetado.

También hay que tener en cuenta las consecuencias positivas del hecho de haber superado terapéuticamente el acoso escolar en la niñez o adolescencia. Se fortalecerá la autoestima para las luchas que irremediablemente se le presentarán a lo largo de la vida, desarrollará la capacidad de resiliencia, las habilidades sociales, la comunicación asertiva, las aptitudes para establecer vínculos con los demás desde la no violencia y el respeto de sí mismo y de los demás.